Durante estos últimos años he tenido que tutelar varios Trabajos Fin de Grado (TFG) y siempre me he encontrado con dos problemas: el alumno no sabe de qué hacerlo y, lo peor, tampoco sabe cómo.

Aunque muchos de mis compañeros enfocan el TFG con una mini-investigación, tipo DEA (Diploma de Estudios Avanzados) o TFM (Trabajo Fin de Máster), mi idea del TFG difiere bastante de este planteamiento. Entiendo que estos trabajos deben ser el producto de algo que se lleva gestando desde que el alumno comienza la carrera. Deberían de ser la materialización de todo lo que sabe el alumno y de cómo ha comprendido las cosas. Cuando digo “todo lo que sabe el alumno” no me refiero a cuestiones relacionadas con temarios, conceptos, escuelas de pensamiento… Me refiero más a lo que ha aprendido y aprehendido. Es decir, lo que sabe y lo que ha asimilado, lo que ha interiorizado y es capaz de proyectar en algo concreto. En definitiva, es un trabajo donde se debe demostrar la madurez y las competencias adquiridas durante los años de carrera.

 

 

Pero claro, hay que escribir un número determinado de páginas sobre un tema concreto y, salvo algún trabajillo en la carrera, es la primera vez el alumno se enfrenta a esto. Los pasos que doy a continuación son los que le recomiendo a todos los que me eligen como tutor de TFG así que, en cierta medida, esta entrada me servirá para ahorrarme el sermón que siempre les doy. Lo que voy a recomendar a continuación está claramente orientado hacia mi carrera y mis potenciales alumnos, pero entiendo que la mayoría de pasos son perfectamente aplicables a cualquier titulación.

1.- Conoce la normativa

Lo sé. Todo el mundo comienza con el tema. Pero me parece que hacerlo de esa manera conlleva un error de planificación grave. Lo primero que se tiene que saber en cualquier trabajo es la limitación (o limitaciones) de las que partimos. En este caso vienen claramente definidas por la normativa al respecto. Allí te dirán qué orientación espera tu facultad del trabajo, los plazos de presentación, las condiciones, el procedimiento, cómo se evalúa, si existe alguna plantilla obligatoria…

Tener en cuenta todos estos datos nos permitirá acotar mejor nuestro trabajo, ajustarlo a los patrones que nos piden y enfocarlo hacia lo que más nos interese. Si eres alumno mío debes saber que la Facultad de Comunicación y Documentación tiene todo este material en su web.

2.- Elige el tema

En esta fase se suelen dar dos casos. Uno, que sea el alumno el que proponga un tema al tutor. Dos, que sea el tutor el que le diga tema al alumno. Siendo honestos, la mayoría de alumnos van con la esperanza de que sea su tutor quien les proponga tema y, de esa manera, quitarse de encina la tediosa manía de tener que pensar.

El TFG es un trabajo que suele requerir de una gran cantidad de horas durante un periodo de tiempo bastante grande (desde febrero hasta junio, en el caso de la UGR). Estar tanto tiempo haciendo un trabajo sobre un tema que no te guste debe ser una tarea que desespere a cualquiera. Por ese motivo siempre he preferido que sea el alumno quien proponga tema. La motivación y las ganas de aprender serán tu mejor aliado para terminar de manera exitosa.

En mi Facultad cada profesor propone un área temática a los alumnos, de tal manera que el que elija a un profesor sabe que su TFG versará sobre dicha área. Es un primer paso para aproximarse a algo y acotar el posible tema. Si me has elegido a mí, los temas versarán sobre cuestiones relacionadas con tecnologías web, es decir, cualquier cosa de la que se haya hablado en clase o que forme parte del temario es susceptible de convertirse en un TFG: arquitectura de la información web, accesibilidad, usabilidad, sistemas de información basados en web, posicionamiento, servidores web, blogs, CMS, repositorios institucionales, trabajo colaborativo… Como ves, hay mucho donde elegir. Y, sin no lo tienes claro, siempre viene bien leer un poco 😉

Una vez hayas elegido, debes comprometerte con el tema y procurar definirlo y ajustarlo al máximo, con el fin de saber claramente sus límites.

3.- Usa un software de gestión de bibliografía

La mayoría de manuales para hacer una tesis, un DEA o un TFG dice que aprendas a hacer referencias bibliográficas. Creo que es más práctico que aprendas a usar un gestor de referencias bibliográficas, y que sea él quien se encargue de hacer las referencias.

En función del editor de textos que emplees podrás usar un programa u otro. Lo que está claro es que deberías conocer su uso al dedillo. Te facilitará mucho la vida, te ayudará a organizarte mejor, podrás escribir más rápido y, por último, te permitirá acostumbrarte a hacer algo que hasta ahora habías hecho pocas veces: citar. No plagies. Si usas el texto de otro cítalo. Te ahorrarás muchos problemas.

Si eres alumno de la UGR deberías saber que tienes dos programas bastante potentes para gestionar tu bibliografía: RefWorks y Proquest Flow. También puedes usar otros gratuitos, como Zotero o Mendeley.

Puedes usar el que más te guste, con el que te encuentres más cómodo… ya que todos hacen más o menos lo mismo. Lo que si te recomendaría es que compartas la colección que vayas formando con tu tutor. De esa manera él sabrá en todo momento cómo va evolucionando tu trabajo, si has elegido bien las fuentes, si vas por el camino correcto…

4.- A buscar

Debes buscar bibliografía sobre el tema… y leerla. Muchos se piensan que con tener un listado de 50 artículos lo tienen todo hecho. Pero si luego no se leen esos textos esto no ha servido de nada.

Doy por hecho que mis alumnos son expertos en técnicas de consulta, así que no me pararé a explicar cómo hacer búsquedas, los operadores, las bases de datos… Me centraré en lo que he localizado como un problema recurrente entre los alumnos que vienen a verme: dónde buscar.

Me resulta raro tener que escribir esto, especialmente porque esta entrada está destina a alumnos de Documentación que ya deberían saber esto. Pero creo que debo hacerlo, puesto que está claro que no lo saben: Google no es la mejor fuente en todos los casos. Y, aunque te parezca mentira, el Web of Science tampoco vale para todo.

Todas las bibliotecas de todas las universidades españolas han adquirido los derecho de acceso a una gran cantidad de recursos electrónicos muy importantes. Unas tendrán más, otras tendrán menos pero, en esencia, todas te permitirán acceder a una buena cantidad de revistas y libros electrónicos. Tu investigación debe empezar ahí. Esto no quita para que te pases por la biblioteca y mires lo que tienen, pero es evidente que acceder a ScienceDirectACM Digital Library, Emerald Journals, IEEE Electronic Library, las bases de datos de Proquest, Taylor & Francis… es fundamental en cualquier trabajo que se precie.

Selecciona bien tus términos de búsqueda, acota temporalmente las consultas, y a recuperar documentos. Te recomiendo que almacenes todos los documentos que consideres pertinentes en algún sitio, con el fin de poder leerlos más adelante, releerlos en caso de duda, poder trabajar en cualquier momento… Hay un sistema que te ahorrará tiempo, y es trabajar en conjunción con tu gestor de bibliografía. Puedes hacer un registro bibliográfico de cada uno de los artículos que vas leyendo y, en el campo correspondiente, añades el pdf del artículo a dicho registro.

De esta manera, si tienes que volver a leer el texto lo tendrás fácilmente localizable. Pero, además, cuando tengas que empezar a escribir ya tendrás el registro bibliográfico metido en tu gestor y tan solo tendrás que hacer la cita en el editor de textos correspondiente.

5.- Anota, anota, anota

Conforme vayas leyendo haz anotaciones de todo lo que te parezca interesante. Toda la bibliografía que has localizado tiene varias finalidades: por un lado, que aprendas más sobre el tema; por otro, que puedas usar el conocimiento de otros para crear el tuyo propio.

Conforme lees esos artículos que has seleccionado se te ocurrirán ideas, verás frases muy buenas que querrás emplear como cita, o como argumento para cualquiera de tus ideas… Dependiendo del gestor de referencias bibliográficas que hayas empleado podrás usarlo para esto. Pero, si quieres algo más de flexibilidad (en cuanto al tipo de documento con el que trabajar e incluso con el momento en el que quieres hacerlo), yo te recomiendo que uses un programa para gestionar tus notas. Lo que yo hago es lo siguiente: si las notas que quiero hacer (apuntar ideas, subrayar conceptos, trabajar con páginas web) están online, empleo Evernote. Si quiero agrupar ficheros por ideas o conceptos, para usarlos más adelante como base bibliográfica, empleo TagSpaces. Ambos permiten anotar, agrupar, ordenar…

6.- Organiza las cosas

A estas alturas deberías tener:

  • Una buena bibliografía que está
  • preparada para ser incluida, vía cita, en un editor de textos gracias a tu gestor.
  • Un montón de anotaciones sobre ideas que se te han ido ocurriendo conforme leías.
  • Un esquema mental de lo que quieres

Lo más importante es lo que se ha generado sin darte cuenta: el esquema mental. Si has seguido, de forma madura, los pasos que te he comentado, a estas alturas deberías ser capaz de tener una organización mental de lo que quieres: cómo se va a estructurar el trabajo, qué epígrafes -más o menos- tendrá, qué contenido debería tener cada epígrafe…

Lo que yo suelo hacer en esta fase es escribir, en un editor de textos, los epígrafes fundamentales que tendrá el texto. No son los definitivos, ya que es posible que la cosa cambie para mejor o para peor, pero sí los suficientes como para hacer un esqueleto de lo que quiero. A continuación hago dos cosas:

  1. Preparo los estilos del documento. De esa forma conforme voy escribiendo voy poniendo epígrafes, pies de página, encabezamientos, leyendas en tablas y cuadros… voy ahorrándome trabajo futuro. Si aplico estilos a cada elemento del documento logro, por un lado, tenerlo todo organizado y, por otro, ahorrarme tiempo al automatizar el proceso de creación de tablas de contenido, índices de tablas, autores… Una cosa a la que no se le suele prestar mucha atención cuando se redacta un trabajo es a aprender a sacarle el mayor partido posible al editor de textos con el que trabajes. Es tu mayor aliado, aprende al dedillo cómo funciona.
  2. Introduzco mis anotaciones en el epígrafe que corresponde. En esencia lo que hago es decir: en ese epígrafe quiero hablar de esto, esto y esto. Usaré estas notas (y las copio de Evernote/TagSpace y las pego) y usaré los textos de estos autores (y selecciono las citas concretas).

7.- Empieza a escribir

Ya tienes un esqueleto -o boceto, si te gusta más- de lo que será tu TFG. Tan sólo te queda rellenar. Evidentemente esta siempre será la parte más complicada pero, si me has hecho caso hasta ahora, verás que es mucho más sencillo redactar de esta manera que enfrentarte al folio en blanco.

En esencia, cualquier TFG debería tener (obvio lo evidente: portada, índices, páginas de cortesía…):

  • Introducción: donde explicarás el por qué del trabajo, sus objetivos (generales y específicos), hipótesis, ámbito, alcance y límites…
  • Texto del trabajo: dividido en capítulos homogéneos (en cuanto a cantidad y contenido). Su lectura debe dejar clara la justificación del trabajo y su pertinencia. Debería haber un apartado para el estado de la cuestión, la metodología y el análisis de los datos.
  • Conclusiones: la introducción y las conclusiones deben estar relacionadas y ser coherentes. Y, por favor, que las conclusiones concluyan algo. Es muy habitual que se conviertan en una repetición de los resultados de los análisis de datos. Aquí se espera encontrar algo concluyente, no un “más de lo mismo”.
  • Bibliografía: siguiendo el estilo que te dicte la normativa. Tu gran amigo, el gestor de referencias bibliográficas, se encargará de esto.
  • Anexos: si fueran necesarios.

Y deberías tener cuenta:

  • Escribir de forma concisa, sin incluir información no pertinente.
  • No repetir información.
  • Si usas acrónimo recuerda desarrollarlas la primera vez que las mencionas.
  • No emplees abreviaturas.
  • No generalices.
  • Demuestra -o de forma empírica o citando- todas las afirmaciones que hagas.
  • No emplees frases hechas.
  • Emplea correctamente la terminología.

Cuando hayas terminado solo queda maquetar y generar los índices automáticos.

8.- No plagies

Ya he comentado en varias ocasiones que lo ideal es que cites. De esa manera no tendrás problemas con futuros plagios. Si se detecta un plagio en un TFG el suspenso será automático.

Mi recomendación es que, una vez finalizado el proceso de escritura, pases tu documento por alguno de los múltiples programas que existen para detectar plagios. Eso te evitará sonrojarte delante de un tribunal. Y otra cosa: el tribunal suele hacer lo mismo con todos los trabajos.

9.- La parte oral: presentación y habla en público

Aunque esto depende de cada Facultad, lo normal es que el TFG se tenga que defender en público, delante de un tribunal. Eso conlleva dos cosas: tienes que preparar una presentación, y tienes que hablar en público.

Con respecto a la presentación:

  • Usa alguno de los muchos manuales que existen sobre presentaciones.
  • Ten en cuenta el tiempo del que dispones para hablar y, en función de eso, determina el número de diapositivas que debes hacer. Calcula una diapositiva por minuto.
  • No pongas demasiado texto en las diapositivas. Deben ser guiones de lo que vas a comentar. No agobies al tribunal con mucho texto. Se supone que ellos ya se han leído tu trabajo.
  • No pretendas hacer una versión reducida de tu TFG. Destaca lo más importante. Deberás quitar muchas cosas y priorizar otras.
  • Las imágenes siempre ayudan a comprender las cosas. Úsalas.
  • Estudia de memoria las diapositivas. Tanto lo que tiene cada una como el orden. No deberías estar durante tu exposición mirando a la presentación, salvo escasos segundos para refrescar ideas. Da mejor impresión el alumno que mira al tribunal que el que está mirando todo el rato a la presentación.
  • Organiza bien las presentaciones, procurando que tengan un orden lógico

Con respecto a hablar en público:

  • Sé que es fácil decirlo y difícil hacerlo, pero, relájate. No estés nervioso.
  • Algo que da mucha seguridad es haber repetido la defensa del TFG hasta la saciedad.
  • Ensaya mucho, y delante de un cronómetro.
  • Viene bien hacerse un guión, en el que pongas lo que vas a decir en cada momento. Al principio tendrás siempre presente ese guión. Luego deberías saberlo de memoria.
  • No leas ni mires papeles. Debes dar sensación de seguridad. Y nada da más seguridad que un alumno que habla, cara a cara, a un tribunal sin mirar papeles, ni presentaciones, ni nada. Se supone que has estado durante varios meses estudiando sobre ese tema. No deberías tener miedo a nada.
  • Sé ordenado, habla pausado, sin prisa, con confianza.
  • Responde a las preguntas de manera respetuosa, pero no con sumisión. Si sabes algo, lo respondes; si no sabes sobre lo que te preguntan, pide que te aclaren mejor la pregunta; si te has equivocado, reconócelo y di que mejorarás; y si el tribunal se equivoca, no quieras quedar por encima de ellos.

10.- No abandones a tu tutor

Durante todo este proceso cuentas con la ayuda de un tutor, que es la persona que debe guiarte por este camino. No lo abandones. Cuenta con él para las dudas que tengas, tanto de contenido como de metodología. Enséñale la bibliografía que has localizado, las bases de datos donde has buscado y cómo lo has hecho. Explícale la estructura que propones, la forma de meterle mano al asunto. Pídele consejo sobre cómo redactar. De hecho, pídele que revise todo lo que escribes. Ensaya con él la presentación y la defensa que harás…

Entre agobiar al tutor, obligándole a dedicarte parte de sus horas diarias a tu TFG, y pasar de él y tirarte meses y meses sin hablar, hay una término medio. Como tutor he sufrido esos extremos, y ni los alumnos se han sentido satisfechos con su trabajo, ni yo como tutor he sentido que hiciera bien el mio.

Creo que del TFG puede surgir una gran oportunidad para que tutor y alumno aprendan cosas nuevas y amplíen sus conocimientos. Hay que saber aprovechar estas oportunidades, y no ver el TFG como un martirio para ambos.